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  • Paula Cucurella

Nota (a la edición Bilingüe de Los últimos inanes días)



Estos fragmentos fueron escritos durante octubre del año 2018 y mayo del 2019. Antes de que en marzo del 2020 el virus Covid-19 hiciese de la imaginación apocalíptica una forma de relacionarnos; el imaginario común.

En octubre del 2019 en Chile estudiantes protestan contra el alza del pasaje de metro resistiéndose a pagar, y a esta protesta la siguen otras, la siguen la represión de la policía, la siguen más protestas y más represión, y finalmente votaciones (2021) para una nueva constitución que limite el modelo económico neoliberal que no reinvierte sus ganancias en mejorar las condiciones de vida de las personas que trabajan, que no ofrece servicios públicos básicos al tiempo que continúa encareciendo la vida.

Escribí estos fragmentos en El Paso, Texas. Mi experiencia del modelo neoliberal en ese momento era diferente a la de Chile, la universidad neoliberal en los Estados Unidos contrata profesoras y profesores temporales y les pagan por clase. Una profesora temporal debe enseñar 7 clases por semestre para recibir el sueldo más modesto de una profesora de tiempo completo que enseña tres o menos clases por semestre, y disfruta de beneficios como seguro médico, y un contrato. Los profesores temporales no tienen contrato; no existe ninguna garantía de que las clases que enseñas vas a seguir enseñándolas en el futuro; somos material dispensable, lo que hace de la queja un peligro, y este tipo de trabajadores y trabajadoras constituyen un tercio del cuerpo laboral de la Universidad neoliberal de los Estados Unidos. Al no existir contrato, la profesora temporal o adjunta debe competir para generar condiciones de estabilidad. Enseñar bien, tener un doctorado, no es suficiente. El profesor temporal debe además intentar destacarse de entre los otros(as) para establecer su propia seguridad a través de la publicación, la traducción, la reseña, el servicio al departamento y a la disciplina, asistir a conferencias, hacer servicio en la comunidad, actividades que son realizadas en condiciones mucho más precarias que los profesores(as) de tiempo completo, y que bien pueden no ser reconocidas en absoluto. En estas condiciones, incluso la enseñanza y la investigación—un trabajo noble y necesario—puede alienar a sus trabajadoras.

En este contexto, estos fragmentos fueron escritos imaginando y para imaginar un mundo que asistía—es decir, ayudaba y atestiguaba—al fin del mundo. ¿Otra vez el fin del mundo, dirán? Si, y no terminar de ocurrir, se extiende más allá del tiempo de la resolución, de la finalidad, la conclusión, el progreso, la evolución… palabras que ya hemos descartado de nuestro vocabulario.

Los países menos pobres endurecen sus bordes con muros, con leyes, con más policía. Endurecen a la gente que habita en los bordes, hablan de los inmigrantes como si fuesen enemigo, y es un hecho que de todas partes y a todos los bordes siguen llegando inmigrantes; no poseen nada pero tienen la propia vida—y tal vez han dado vida— y es el caso que cuando se la tiene es muy difícil devolverla.

Escombros de estas vidas que se baten por seguir siéndolo, y de otras huellas dejadas en bordes custodiados por policía que no parece ser tal; de todos los mundos que sufren las consecuencias del deterioro sin mejoría, manifestado a veces de formas imperceptibles, a veces simplemente en la pasión de rascarse la nuca sádicamente, y que eso sea el único placer que nos queda. Eso son estos fragmentos.

Sólo se puede escribir el mundo en metáforas, o con la ayuda del símbolo. Yo opto por estos trozos de mosaico. Las piezas pertenecen a vajillas distintas, polvorientas, no descarto que hayan sido deformadas por el tiempo, como cuando contamos una historia que nos contaron y que a su vez la habían escuchado de alguien más; fragmentos rescatados pues a nadie le importan, pero tienen una historia en común, y el encanto de que tod@s sus personajes viven el propio drama como si fuese la única narrativa que existe. El fragmento es sólo eso; su conjunto es una máquina que multiplica fragmentos.

¿Como vivir el fin cuando ya sabemos que se nos acabó el tiempo? Las voces en esto fragmentos se lamentan sin miedo; cuando se nos acabó el tiempo y no tenemos nada que perder, de pronto la dignidad cobra importancia.


Junio, 2021. Riverside, California.






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